
Para estos mandatarios que, por cierto, son integrantes del bloque de la UNASUR, el único recurso usado hasta ahora, se ha fundamentado en armar contraataques de una nación a otra.

Pero lo que se debe tener en cuenta, es que a ninguno de estos países en crisis les conviene dar larga a este asunto; que más que económico, se ha tornado geopolítico. Es más, es una contrariedad diplomática que de lado y lado tiene esperanza de solución.
No es necesario que Uribe, Correa y Chávez se estén dando la venia cada vez que se encuentran. La cuestión no es de amistad absoluta, es sólo de pura diplomacia.
Y para la muestra un botón. Rafael Correa, por fin, abrió las puertas de diálogo con Colombia, después de que en marzo de 2008 decidió romper las relaciones diplomáticas, a causa del ataque al campamento del jefe de las Farc ´Raúl Reyes´, encontrado en territorio ecuatoriano.
Ahora, sólo resta esperar a que las buenas intenciones de estos países tengan futuro y no se queden en simples palabras de disculpas y aceptación de las mismas.
Después de todo, esta clase de decisiones termina conviniendo a todos: las economías seguirían ascendiendo. Más países latinoamericanos apoyarían la seguridad democrática de Álvaro Uribe en contra del terrorismo y el narcotráfico. Y lo más importante, más países apostarían, a la paz y a la unión de las naciones latinoamericanas; y que más anzuelo para las Farc que sentirse sosegadas y delimitadas en su plan de contienda.
Escuchar el audio de la columna en el siguiente vínculo MY PODCAST








