Gracias a Dios en nuestro país aún existen periodistas que hacen función de su oficio a través de la verdad. “No soy vocero, ni parlante de nadie. Me ufano de ser una persona libre. Soy vocero de mi mismo. No acepto ordenes de nadie” son las replicas del director de noticias de RCN Radio, Juan Gossain, frente a la carta del expresidente Andrés Pastrana, en la que se pone en manifiesto el disgusto del exmandatario por las acusaciones que se le hacen, por el desenlace que tuvieron los diálogos en el Caguán. Cuando 47 mil kilómetros cuadrados fueron cedidos a miles de hombres armados, que por años se dedicaron libremente a expandir su tarea delictiva.

Foto tomada de Cromos
“La verdad no tiene fecha de vencimiento” finalizó diciendo Pastrana, para denunciar las mentiras de la editorial de RCN y desmeritar la verdad dicha por Gossain. Verdad que por cierto, fue respaldada por fuentes fidedignas Cesar Gaviria Trujillo y Rafael Pardo Rueda, personajes muy cercanos al exmandatario.
Todos tenemos derecho a ser escuchados y defendidos, pero al parecer esto pasó a un segundo plano, la contraparte no mostró interés y se vio reflejada en su ausencia a la hora de las declaraciones.
Entonces, qué hacer en una situación como esta. Acaso, la salida más pertinente es ¿omitir la verdad?
Es triste admitirlo, pero en un país políticamente polarizado como el nuestro, en donde los periodistas obedecen el curso del sistema, como simples marionetas de la información; no es fácil hacer periodismo bajo el sello de la verdad y la ética periodística. O por lo menos, los pocos que lo hacen enfrentando y rompiendo esquemas, son señalados de informantes, anticonstitucionistas, o lo que es peor, de guerrilleros, y si esto no fuera poco son censurados y ridiculizados.
“Soy una voz solitaria, pero digna. No tengo cicatrices en la espalda, porque conmigo las cosas son de frente” dice Juan Gossain, que defiende y asume su verdad con la autonomía que un periodista independiente debe asumir con los hechos.
La verdad no mira posiciones o cargos, solo obedece a la ética periodística. Y en eso no se equivoca Gossain, porque, sencillamente, la verdad no debe ser exiliada.
