Ellos también viven
El sida es una de las enfermedades de transmisión sexual y congénita que más ha preocupado a las Naciones Unidas y al Consejo de Derechos Humanos, que en conjunto con sus distintos Comités trabajan por asegurar la plena efectividad del derecho a ser tratados iguales y al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.
Sin embargo, en contraste a estas posiciones, se encuentran las de aquellos que piensan que el Sida es sinónimo de exclusión y de detrimento en cuanto a las personas que padecen esta condición.
Cada primero de diciembre se conmemora el día mundial De lucha contra el Sida. Una iniciativa lanzada en 1997 por ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el Vih y Sida) y que es liderada por una gran alianza conformada por organizaciones de la sociedad civil; quienes ante los niveles altos de discriminación en nuestro país luchan por abolir la estigmatización que existe por parte de nuestra sociedad hacia personas con VIH.
El Vih es una enfermedad que en el momento de contagiar no tiene en cuenta: condición social, color, raza, religión, ni mucho menos líneas ideológicas. Pero también es cierto que la discriminación y todos los perjuicios morales que existen a su alredor aún prevalecen en las mentes de un tipo de sociedad como la nuestra.
Y a todo esto, lo que la gente ignora es el daño que está causando al avance sano de las estrategias que se están liderando frente al tema.
Esta actitud arrogante, sólo está generando un obstáculo latente en la construcción de pensamiento preventivo en cuanto a las personas que padecen Vih.
Y como si fuera poco están desalentando al gobierno para que éste no tome pronta conciencia de lo significa padecer Sida y por tanto no busque apoyo para proteger y tratar este tipo de enfermedad.
Lo paradójico en esta problemática es que cada vez más personas, a pesar de las campañas y estrategias de comunicación que se hacen en todo el país incentivando a la protección sexual con el uso de condón, la invitación a la práctica de la prueba de Vih y a la desestigmatización del padecimiento de esta enfermedad, los índices de epidemiología señalan que cerca de 20 mil personas se están realizando tratamiento contra esta enfermedad y se estima que hay aproximadamente 120 mil personas infectadas en el país (cifras de Organización Panamericana de la Salud).
Ante estas cifras pienso que más allá de la cantidad lo significativo es que los colombianos enfermos hoy en día con Sida, deben empezar desde ya a vivir, a reconocer y a enfrentar su condición.
Y en cuanto a aquellos con vida sexual activa, pienso que es responsabilidad de cada uno practicarse una prueba de Vih y seguir un tratamiento pertinente en el caso de salir positivos.
Es por esto que se hace a priori empezar a creer que para quienes padecen ésta enfermedad las esperanzas no se han acabado… por el contrario acaban de iniciar. Y tal como lo dice Juan Carlos Riazgo, portador de Vih, en su libro “En el laberinto de la esperanza” – el sida destruye el cuerpo, pero fortifica el alma-
